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¿Qué consideramos al comprar una obra de arte?

¿Qué consideramos al comprar una obra de arte?

 

En esta nota decidí hablar de todas las cosas en las que pensamos cuando consideramos comprar arte para nuestra casa, o quizá para un negocio u oficina. Yo no soy diseñadora, ni arquitecta, pero me gusta mucho el arte, lo poco que sé de él fue gracias a un par de clases de historia del arte que tomé en la prepa y en la universidad, y a documentales o artículos que he leído cuando tengo curiosidad. Sin embargo, como empleada de una tienda de interiorismo donde hay muchas expresiones artísticas, no sólo en un lienzo, sino en mobiliario, tapicería, accesorios y demás elementos, me llama mucho la atención observar lo que el cliente considera arte y porqué decide comprarlo, ¿qué espacio va a adornar o a llenar con éste? Es innegable que los seres humanos somos atraídos por lo bello, lo estético y lo equilibrado; de cierta forma nuestro ojo es como un detector de estas proporciones exactas y se deleita con esto, no es coincidencia que a muchos nos guste, por ejemplo La noche estrellada, El David, o algún paisaje de Rembrandt o Monet, pero, ¿qué tanto de ese gusto se basa sólo en el renombre del artista?, ¿qué pensamos cuando queremos adornar un espacio?, ¿son los colores que nos atraen?, ¿la corriente estética?, ¿el artista? ¿o la pieza en sí?

Creo que de todo un poco, más si ya se sabe el lugar que ocupará esa pieza, o el espacio máximo o mínimo que puede abarcar. Dependerá también siempre de la percepción del receptor, para unos será arte lo que para otros será basura o “feo”, y viceversa. Me da curiosidad vislumbrar esta percepción, quizá quien aprecie más los procesos artesanales decidirá no comprar una litografía y se guiará por una ilustración hecho a mano, o quien se interese o sepa todo el trabajo detrás que hay en la fabricación de muebles, considerará una silla o una mesa una obra de arte, o quien sea amante de las plantas comprará distintos ramilletes y hará él o ella misma su propio acomodo, escogerá el lugar donde irán, de qué estarán rodeados y otros detalles. Creo que esta y otras acciones, como preguntar por la técnica de un cuadro, saber más del artista, investigar cómo se hace un telar o simplemente preguntarse por qué “x” decoración o escultura fue hecha con acero y no con cerámica, nos acercan a conectar con nuestro lado artístico. No voy a decir que no me gustan casi todas las interpretaciones clásicas de arte, porque las disfruto muchísimo, o que soy fan de todo el arte moderno y de las exposiciones donde una de las obras es un montón de ropa vieja tirada en el piso; tampoco voy a negar que en un momento sí llegué a decir que lo comprendía o a opinar que me gustaba un Picasso sólo por ser un Picasso. Sin embargo, desde hace un tiempo me he propuesto a percibir el arte o lo que a mí me parece artístico desde lo que me hace sentir, así sin más. Sin importar cuándo lo hicieron o quién lo hizo. Y esto me ha ayudado enormemente, me ha dado un sentido más claro de lo que representa el arte en mi vida y cómo incorporarlo en lo que hago y en los espacios que habito. Por eso escribí esto hoy, como una invitación a abrir nuestros canales o nuestra apreciación al momento de entrar a una tienda o una galería buscando arte,  es una incitación  a observar y a preguntarnos ¿cómo se sentiría ver esto en mi casa o en mi negocio cada vez que paso por ahí? o, ¿qué sensación quiero que tenga este espacio en donde voy a colocar esta obra, mueble, escultura? unas veces quizá será escogida por su belleza, otras por lo que nos evocó o incluso porque nos incomodó, como sea, creo que ser un poco más observadores nos revela que el arte nos rodea siempre, y vivir en un lugar artístico es una opción que tenemos a nuestra disposición sin importar nuestro poco o mucho presupuesto, el chiste es notar los detalles.

 

 

Fer Hernández

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